El Ken humano se quema la cara tras cirugia

Rodrigo Alves, más conocido como el Ken humano, ha vuelto a hacer de las suyas. Si el año pasado superaba las 50 operaciones de cirugía estética, lloraba porque los cirujanos no le querían cambiar el color de los ojos y finalmente se volvía a operar para parecerse al hijo de un narco; ahora ha dado bastante grimilla con su último retoque.

El Ken humano quiso empezar el año con unas arrugas de menos realizándose un peeling químico en Marbella, proceso que después deja una cierta irritación en la piel. Pero lo que le ha ocurrido a Rodrigo no es nada normal en estos casos y su piel ha quedado completamente en carne viva y de un color bastante preocupante.

“Fue bastante doloroso, mi cara está roja, ardiendo. Además, aquí en Marbella hace sol y no puedo salir a la calle los próximos días a menos que tenga mucha protección solar”, explicaba a Daily Mail. No conforme solo con esto, también se ha extraído cuatro costillas para parecer más delgado, algo que los médicos se negaban en un primer momento por riesgo a que se le colapsen los pulmones.

La historia del Ken Humano

“Valió la pena el dolor para alcanzar la perfección”. Rodrigo Alves, lleva años sometiéndose a intervenciones quirúrgicas para conseguir la imagen y el cuerpo del muñeco Ken, el novio de Barbie. Un total de 42 operaciones de cirugía, 350.000 euros invertidos, y un séquito de 70.500 seguidores en Instagram avalan toda su trayectoria.

“Me merezco una medalla por todo este trabajo. Valió la pena todo el dolor para alcanzar la perfección”, confesó al diario británico The Mirror. El brasileño se ha gastado 12.000 euros en subir su trasero, 30.000 euros en implantes de pecho de silicona y más de 40.000 euros en operaciones de nariz.

El Ken humano no se avergüenza de la manera en que invierte el dinero: “Nací en el cuerpo equivocado. Mi alma nunca estuvo emparejada con el resto de mí y ahora lo hace”. Sin embargo, detrás de todo ese ímpetu por parecerse a Ken existe la historia de un niño que sufrió mucho durante toda su infancia.

“A los siete años me enviaron a un internado. Los niños me empujaban por las escaleras y metían mi cara dentro de un urinario. Tenía pechos como las mujeres y estaba gordo, feo y deprimido. Sólo quería estar aceptado por la sociedad y conseguir acercarme al ideal de belleza brasileño”, asegura.

Los médicos vincularon este supuesto desorden de su cuerpo a un desequilibrio hormonal. A los 17 años se sometió a una reducción de pechos y, después de mudarse a Londres, tuvo la primera de sus cinco operaciones de nariz. Para financiar todas estas intervenciones, Alves ha tenido que recurrir a la herencia de sus abuelos españoles y a los ingresos que recibe por su trabajo en una compañía aérea y como modelo.

Hace tres años estuvo al borde de la muerte tras una operación en la que pretendía aumentar el tamaño de sus bíceps y una bacteria entró en contacto con su organismo. Como consecuencia, perdió la sensibilidad en sus brazos y le dijeron que se los tendrían que amputar. Si esta infección hubiera alcanzado su corazón habría fallecido.

No obstante, él asegura que no tiene miedo a morir. “Me he preguntado si voy a morir en una sala de operaciones, pero también me he preguntado si voy a morir al cruzar una carretera”. Ahora, el brasileño es feliz cuando se mira en el espejo y no se arrepiente de ninguna de sus intervenciones. “La gente quiere fotos conmigo y me tocan. Me gusta la atención. Algunos incluso me piden consejos de belleza para estar mejor”, concluye.

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